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Zumarragarrak

Atzo egin zen Antonio Pradaren liburuaren aurkezpena

2017·01·05


Pako Vierbücher-ek egindako argazkia

 

PRESENTACIÓN

 

            Kaixo, arratsaldeon jaun eta andreok, ongi etorriak izan zaitezte Zelai Arizti Kultur Etxeko areto nagusi honetara. Arratsalde honetan, nire ustez, garrantzi handia duen liburu bat aurkezteko elkartu gara. Eta, zertan datza bere garrantzia? Ene ustez, liburuan agertzen diren gaiez, gutaz, zumarragarrez, aritu naiz; izan ere, gure identitatearen bila, gure ezaugarrien bila ibili ondoren, lan hori guztioi gerturatzen saiatu naiz.

Allá por los últimos meses del invierno 2013-2014, cuando preparábamos los tres autores de los textos el libro de La Guerra Civil y el Franquismo en Zumarraga, se me ocurrió la idea de hacer un capítulo introductorio sobre la población. Era conveniente contextualizar el número y características de las personas que vivían en la villa, aunque fuese resumidamente.

            Aquellos datos, que sirvieron para saber qué clase de población era la que residía en Zumarraga durante la República, la Guerra y el posterior franquismo, me dio pie para pensar en hacer un estudio general que abarcase a los habitantes de nuestra población, desde su primer padrón de habitantes, allá por 1877, hasta la actualidad. Al final, lo cerré el 31 de diciembre de 2015.

            Siempre me ha interesado saber más de nuestros pobladores, y si juntaba todas las piezas del inmenso puzle elaborado a partir de los datos ofrecidos por nuestros conciudadanos en los diversos padrones, sistematizándolos y sometiendo las diversas categorías resultantes a comparaciones, podría tener un álbum con muchas fotografías a partir de 1877 y hasta la actualidad.

Ya sabemos que por medio de las fotografías no se  percibe el alma, pero si se hacen de ese modo tan sistematizado sí que pueden ayudar a aportar muchos datos que nos reflejan muchos de los factores que forjan la identidad de nuestros habitantes desde aquella primera foto de 1877, cuando acabábamos de dejar de ser, si dejamos de lado por un momento a los caseríos, los herederos directos de los fundadores de la población, un pueblo-calle que iba desde Eizaga a Kalebarren, para pasar a ser, ya por aquella temprana fecha, dos lados del triángulo, EizagaKalebarren – actual Plaza de las Estaciones, que se fueron fortaleciendo hasta 1945-1950, y que vieron cómo, con la inmigración masiva a partir de mediados de los 50 del siglo XX, se fueron rellenando los huecos intermedios de esa figura geométrica.

            Por supuesto, y a medida que la villa iba evolucionando, hemos dedicado también un epígrafe al desarrollo físico de la población, vía calles, grupos, barrios, plazas y avenidas.

            Pero vayamos analizando, poco a poco, y también por medio de un formato muy resumido, como el que forzosamente se ha de realizar en esta presentación, cómo fueron evolucionando nuestros habitantes, lo cual tiene mucho que ver, en sus primeras décadas, con la aportación del tendido ferroviario, fundamentalmente por parte del Ferrocarril del Norte, secundado por el Ferrocarril de Vía Estrecha Durango – Zumarraga, y por el Ferrocarril del Urola, verdadero eje que ha proporcionado el estímulo, fundamentalmente económico, pero también social, a la población. Si me permiten decirlo, aquello fue una verdadera revolución que marcó el comienzo del desarrollo de la villa, y que puso las bases para un posterior engrandecimiento, proporcionalmente uno de los más grandes de las villas guipuzcoanas.

            Partíamos en 1877 de 1.695 habitantes, y nos colocamos en 1950 con 3.571. Durante esos años la población había crecido sostenidamente, sin grandes avances porcentuales anuales. Pero a partir de 1955 y hasta 1975 un verdadero aluvión de inmigrantes, fundamentalmente castellano - leoneses y extremeños, aunque también hubo representantes del resto de regiones de nuestro país, hizo que se multiplicase casi por cuatro nuestra población entre 1950 y 1975. Imagínense ustedes si cualquier población multiplica su número de habitantes por cuatro en veinticinco años. De hecho, ha habido varios periodos interpadronales en que nuestros habitantes crecían en más del 60% de sus efectivos, lo que nos lleva a un crecimiento en que, a lo largo de más de diez años consecutivos, por ejemplo, cada año crecía la población una media del 12%.

            A partir de 1977, y hasta la actualidad, las consecuencias de las crisis económicas han hecho descender, también de forma sostenida, a nuestros habitantes hasta los 9.928 habitantes (a fecha 3 de enero de 2017). Estamos hablando de un gran crecimiento en un corto periodo de tiempo, y de un descenso muy alargado en el tiempo, cuatro décadas, pero que ha acortado la población en casi tres mil habitantes.

            A partir de este momento, e intentando dar leves pinceladas, intentaré formar un cuadro con todos los epígrafes que aparecen en esta publicación.

            La evolución del número de hogares. He podido comprobar su cifra en cada padrón, y partiendo de los existentes a finales del siglo XIX. Están incluidos todos los nombres propios de cada una de las casas existentes en aquella época, que se corresponden con los existentes en las casas del primer y tradicional eje histórico, del primer pueblo-calle existente hasta 1865, y es que se les conocía fundamentalmente por sus nombres, no por números, como lo hacemos hoy en día: por ejemplo, lo que hoy conocemos como Kalebarren era la casa nº 1 de la entonces calle Zufiaurre, una de las primeras con Elizkale, Piedad, la única Plaza existente por aquel entonces, y el propio barrio de Eizaga, unido en aquella época bajo aquella denominación. Además estaban los cuatro barrios de caseríos (Soraitz, Aranburu, Leturia y Elgarresta), y también la por entonces solitaria Casa Legazpi.

Así pues, y con motivo de la necesidad de unir los nuevos edificios construidos alrededor de la Estación del Norte, a mediados de la década de los sesenta del siglo XIX se procedió a ensanchar la villa, creándose lo que luego, incluso hoy en día, constituye la zona noble, socioeconómicamente hablando, y que llega hasta hoy en día con esas características, destacando las hoy calles Soraluze, Legazpi, y la Plaza Nueva. Esta última, al ser la situada junto al Ayuntamiento, ha ido cambiando su denominación, adaptándose de forma casi simultánea, a los cambios políticos habidos en el país. Efectivamente, y dejando de lado el efímero nombre de Plaza de Artiz, se llamó Plaza Nueva, pero, a partir de ahí, Plaza de Alfonso XIII, Plaza de la República, Plaza de España, Plaza de Euskadi.

            Es curiosa también la evolución en el número de hogares: fundamentalmente hasta 1977, en que crecía el número de nuestros habitantes. Se fueron creando nuevas demarcaciones. Pero, paradójicamente, si a partir de finales de los 70 y principios de los 80 el número de nuestros pobladores fue descendiendo, el número de calles ha seguido creciendo hasta la actualidad. En plena crisis demográfica se han creado, entre otras, las demarcaciones del llamado Polígono Zumarraga (ya saben: los grupos Elgarrestamendi, Ipar Haizea, Busca Isusi e Izazpi), los grupos Urtubi, Joxe Migel de Barandiaran, o los más recientes Angel Kruz Jaka, Linazasoro o Bidaurreta, además de completarse un buen número de viviendas, nuevas, en calles tradicionales, como por ejemplo en las calles Secundino Esnaola, Piedad, Bidezar, o el Barrio de Artiz.

            ¿Cuál es la razón de que aún con descenso demográfico sigan aumentando las nuevas demarcaciones?: la gran saturación de personas que había, a mediados de los 70, en la mayoría de calles y viviendas. Muchas de las familias se desgajaron: por simple ley de vida los hijos iban abandonando las viviendas de los padres para formar sus propias familias; además, muchas de ellas abandonaron, por compraventa o simplemente dejándolas vacías, sus anteriores viviendas para adquirir nuevas, en el Polígono Zumarraga (caso claro de Ipar Haizea) y también en otras zonas, como Bidaurreta o Urtubi), o pasaron a ocupar nuevas viviendas en el núcleo poblacional más céntrico, o en la Avenida de Beloki, por ejemplo. El poblamiento de esas nuevas viviendas no fue, fundamentalmente, el efecto de ninguna importante inmigración, sino que fue una redistribución de nuestros propios habitantes.

            En este sentido, y retrotrayéndonos a los años 1945-1965, fue muy curiosa la estrategia utilizada por buena parte de inmigrantes que llegó a nuestra villa a la hora de adquirir su vivienda. De los datos padronales creo que, con todas las precauciones posibles, podemos sospechar la existencia de esas estrategias, las cuales, en cierto sentido, tienen que ver con el apego de los inmigrantes a sus lugares de origen, manifestando fundamentalmente por su deseo, o no, de retornar a ellos tras pasar su vida laboral entre nosotros.

Así, y mientras, por ejemplo, una buena parte de los inmigrantes procedentes de Castilla y León, o de Extremadura, deseaban retornar a sus lugares de origen tras su jubilación (básicamente se trataba de una inmigración laboral, no deseando crear lazos perennes en nuestra villa), optaron por realizar el máximo de los ahorros posibles; ello provocó que, en buena parte, alquilasen habitaciones o casas, y con el tiempo adquiriesen en propiedad viviendas que no fuesen muy caras, lejos del tradicional centro social de la villa, más cotizado.

Al contrario, en muchos casos, los inmigrantes procedentes del territorio vasconavarro llegaron a nuestra villa con la idea de no retornar a sus lugares de origen, por lo que optaron, prácticamente desde el primer momento, por alquilar o adquirir en propiedad en ese centro social zumarragarra (calles Legazpi, Soraluze, Plaza España en aquella época, calle Secundino Esnaola, calle Piedad, e incluso Avenida del Generalísimo a partir de cierto momento).

            La realidad hizo que, en algunos casos, personas que, antes y después del inicio de las crisis económicas, eran procedentes de tierras más lejanas que el territorio vasconavarro, tras pasar su vida laboral en la villa, volviesen a su tierra natal, dejando aquí, al menos, a parte de sus descendientes. Curiosamente, en algunos casos, y tras comprobar que aquellos lugares no reunían ya las características que habían tenido en su niñez y juventud, en ocasiones decidieron regresar a Zumarraga, donde permanecían sus hijos, y, en su caso, nietos.

            Ligado a todo esto se encuentra el especial fenómeno de la integración en la villa, algo que tenía relación, en algunos casos, con los lugares de origen de esos inmigrantes.

            Ya desde un primer momento, estos inmigrantes que habían accedido a nuestra villa desde lejanas tierras, bien por el hecho de adquirir vivienda en alquiler o en propiedad en zonas alejadas del centro urbano, bien por desconocer el Euskara, bien por otras razones sociales relacionadas con las dos primeras, tendieron a forjar círculos de relaciones muy cercanos al núcleo residencial por el que habían optado, relacionándose de forma escasa, ocasional en muchos casos, con otros inmigrantes, los vasconavarros, o con la población con orígenes en la villa. Formaron así, entre comillas voluntariamente, círculos casi cerrados, del que sólo salían casi por obligación administrativa, o laboral, al estilo de los que pudieron crear los emigrantes vascos en el Medio Oeste de los Estados Unidos de América, cuando emigraron allí a partir de mediados del siglo XIX - principios del XX.

Buen ejemplo de ello era lo sucedido en demarcaciones como el grupo Garicano Goñi, la calle Antonino Oraa, la Plaza de los Leturia, fundamentalmente, o algunas otras demarcaciones, como la de la Avenida Antigua, o grupo Etxeberri, donde predominaban de una forma muy clara los castellanos, leoneses, extremeños, los gallegos, etc. Eran zonas donde sus habitantes se relacionaban, en buena parte de los casos, muy poco con los residentes en las calles Legazpi, Soraluze, Secundino Esnaola, plazas de España o de Euskadi, o Avenida del Generalísimo, luego Iparragirre. De todas formas, sí que hubo algunas demarcaciones donde se mezclaron ambas comunidades, fundamentalmente Elizkale, la calle San Gregorio, o la calle Piedad.

            En relación a los extranjeros, inmigrantes procedentes de más allá de las fronteras del Estado español, siempre ha habido algunos, muy pocos cuanto más nos alejemos en el tiempo, y más cuando más cerca de la actualidad estemos. Si al principio provenían fundamentalmente de Francia, o de Portugal o Argentina, y se podían contar con los dedos de las manos básicamente, en el día de hoy tenemos, con muchos menos habitantes en la villa que en 1970, pongamos por ejemplo, a 151 marroquíes, o 57 rumanos, entre una pléyade de nacionalidades, entre los que destacan, también, dominicanos, nicaragüenses, cubanos, hondureños o pakistaníes.

            Si la gran inmigración habida en la villa en los años 50-70 del siglo XX hizo que Zumarraga tuviese, como gran característica de sus habitantes, la diversidad, mucha más que la que había en el resto de poblaciones guipuzcoanas o vascas, hoy ello no debiera ser tenido como rémora, sino que, haciendo de la necesidad virtud, tendríamos que saber utilizarla para hacernos más fuertes, aprendiendo de la heterogeneidad de la que estamos rodeados. Tenemos que aprender de ella, de las relaciones con distintos. Lo hemos practicado durante décadas, y, si seguimos haciéndolo, estaremos mejor preparados que otros para saber sacar oportunidades de ello, pues ese aprendizaje es fundamental en este mundo que cada vez es más una aldea global, más interconectado, y no estoy haciendo referencia a opción política alguna, sino a saber aprovechar las oportunidades que se nos ofrecen en este nuestro entorno, diferente y más diverso que el de otras poblaciones cercanas. Al fin y al cabo, y aunque algunos crean otra cosa, Zumarraga no es ni mejor ni peor que otras poblaciones, simplemente es diferente.

            Bien, ligado a esto, ahondemos también en otra de las características de los zumarragarras: su nivel socioeconómico, que no se puede deducir sino indirectamente de los padrones.

            A lo largo de la historia ha sufrido ciertas variaciones: si en el siglo XIX y principios del siglo XX era equiparable con el de las poblaciones guipuzcoanas, pongamos en un nivel medio para la época, a partir de la llegada de las oleadas de inmigrantes, personas que, en muchos casos, deseaban mejorar sus condiciones de vida, pues las que tenían en sus lugares de vida no eran las óptimas, la villa acogió a personas de un nivel socioeconómico menor.

Bajó así nuestro nivel socioeconómico medio, lo que es visible, especialmente, en la mayoría de las demarcaciones: de nuevo observamos a un centro social, a la llamada zona noble, recordemos, compuesta por la línea de calles que va de la calle Soraluze a la Plaza de las Estaciones, con sus zonas aledañas de Avenida del Generalísimo y parte de la calle Piedad, pues tenían, entre otras características, un nivel de vida más elevado. Por el contrario, la zona de las tres demarcaciones diferenciadas de Eizaga a partir de 1950 (calles San Gregorio y San Isidro, más la Avenida de la Antigua), más el Elizkale anterior a su derribo de los años 70, junto con las zonas más alejadas del centro urbano, como el Grupo Etxeberri, donde, con un cierto número de caseros convivía un buen número de obreros, más las zonas del Sur, como la Plaza de los Leturia a partir de 1967-68, o como el grupo Argixao y la calle Antonino Oraa, tenían altas tasas de población fundamentalmente obrera, lo que, inevitablemente, estaba indicando un nivel socioeconómico inferior. Como eran mayoría los habitantes de estas zonas, el resultante del conjunto global había bajado.

Curiosamente, las sucesivas crisis económicas dieron la vuelta a la situación, pues muchos de los más necesitados, puestos ante la difícil situación del desempleo o de un empeoramiento de sus condiciones, hubieron de emigrar hacia otras zonas, lo que hizo que el nivel socioeconómico subiese.

            Hoy en día creo que el nivel socioeconómico de los habitantes de la villa ha vuelto a subir, pero por una dedicación laboral diferente. Efectivamente, si con las oleadas inmigratorias de los años 50-70 del siglo XX la principal actividad laboral en la villa tenía que ver con el sector Secundario de las actividades, fundamentalmente ligado a la Industria; a partir de la entrada en crisis de las viejas instalaciones fabriles, y posiblemente sin tener gran visión de futuro, pero con un alto grado de fortuna, pues no se podían todavía entrever las circunstancias por las que años más tarde atravesaría la economía de la villa y de la provincia, gracias a la decidida apuesta que se hizo, fundamentalmente en la década de los 70 por todos aquellos que, con una diferente concepción política de partida (últimos gobernantes de la dictadura y primeros de la Transición) creyeron en la necesidad de dedicar más esfuerzos al sector Terciario de las actividades económicas, haciendo una apuesta política y económica por conseguir el hospital, para ofrecer mejores servicios a los habitantes, compuestos en su mayoría por los ya citados trabajadores industriales y sus familias; al poco tiempo se pusieron las bases para lograr un Centro Subcomarcal de Salud, sustituyendo a las anteriores instalaciones, obsoletas. Lograron así hitos importantes, que luego, pese a no poder atender a la gran cantidad de trabajadores industriales (pues muchos emigraron), sí que valieron para sostener a una nueva Zumarraga, más dedicada al sector Servicios.

            Unos ejemplos que avalan lo ya señalado: a principios de los años 70 los trabajadores de la empresa Esteban Orbegozo eran casi tres mil. En los inicios de la década actual eran poco más de tres centenares. En 1970 eran 2.825 los trabajadores dedicados al sector Secundario, y 1.042 los dedicados al Terciario (curiosamente, algunos de ellos trabajaban como comerciales u ofreciendo servicios en fábricas); hoy, las cifras expuestas en el libro claramente lo avalan, son totalmente distintas, imponiéndose este último sector (sólo el hospital de Osakidetza da trabajo a 550 trabajadores que ejercen su labor en nuestra villa, además de otros doscientos cincuenta que desempeñan su labor en las poblaciones de los alrededores). En este sentido, la apuesta por los Servicios hecha en los años 70, y las crisis industriales de los años 70, 80 y 90, aderezadas por el secuestro de Saturnino Orbegozo, fueron definitorias de nuestro devenir.

            Volviendo a la delicada cuestión del nivel socioeconómico actual, de nuevo ha vuelto a elevarse, pues los salarios del Sector Servicios, antes de la última crisis económica, la actual, que ha afectado por igual a todas las comarcas, toreándola mejor las vascas que las del resto de comunidades españolas, se elevaron, y hoy en día se mantienen muchos de los ligados a las contrataciones efectuadas antes de la crisis. Otra cosa es la comparación de la composición de los trabajadores del Zumarraga de principios de 2015, por sectores: según el Plan de Acción para la Reactivación de la Actividad Industrial elaborado a principios de 2015 por UGGASA, había en nuestra villa 2.334 trabajadores dedicados al sector Servicios, 845 trabajadores dedicados a la Industria, y 122 dedicados a la Construcción. De los 2.334 del Sector Servicios, 1.197 lo hacen en el subsector de Actividades Sanitarias y de los Servicios Sociales. Esa cualidad ha hecho que mejorase claramente el nivel socioeconómico (no sólo los salarios, sino las condiciones de trabajo) de nuestros habitantes, si los comparamos con décadas anteriores, y fundamentalmente con los de la inmigración masiva.

            Detengámonos ahora, siquiera también de forma breve, en otras características de los zumarragarras: comenzamos por el género. Es curioso, pero si tuviéramos que hacer un retrato robot del zumarragarra, siguiendo sus características más básicas, veríamos que desde que tenemos datos hasta 1950-1955, cuando comenzaron a llegar las oleadas de inmigrantes, la persona que nos saldría como nuestro representante no era un hombre, sino una mujer. Eran más, y fundamentalmente en el casco urbano. Curiosamente en los caseríos había menos mujeres que hombres, pues ellas, fundamentalmente las solteras a partir de una cierta edad, emigraban hacia las casas de las calles, permaneciendo en los caseríos más los varones. Además, y en aquella época, sobresalían especialmente las mujeres en una calle, Elizkale. Todos podremos suponer que ello se debía a que allí estaba encuadrado el convento de monjas mercedarias, con su noviciado. Administrativamente, las monjas mercedarias estuvieron allí hasta el padrón de 1981, en que, dadas las nuevas construcciones de viviendas en el Parque Busca Sagastizabal, y las de los primeros números de calle San Gregorio, uniendo ya el núcleo tradicional eizagarra con la iglesia de las monjas, se les adjudicó la actual demarcación de la calle San Gregorio.

            A partir de las oleadas inmigratorias la relación cambio, y los varones fueron más que las mujeres, y ello tanto en el núcleo urbano como en los caseríos. De todas formas, no fue una relación de gran mayoría, puesto que siempre, en todos los casos y épocas, la diferencia entre ambos géneros no fue cuantitativamente importante.

            A partir de los años 1977-1980, en que Zumarraga comenzó su descenso de población, y hasta la actualidad, vuelve el predominio de las mujeres en cuanto al género. El día 3 de enero de 2017 había casi 4.900 varones y algo más de 5.000 mujeres.

            Otro de los aspectos en los que nos detenemos es en la longevidad de nuestros habitantes, que, lógicamente, y a la par que han ido adelantando los avances en medicina, además de la mejora de la dieta en general, y en los últimos años una mayor concienciación de la actividad física (deportiva), ha ido aumentando con el paso de los tiempo.

            Así, y contabilizados por periodos de cinco en cinco años, la base de nuestra investigación, si en 1877 sólo había un varón que llegase hasta el grupo de 85 – 89 años de edad, y que en aquella época resultó vivir en un caserío, además de otros tres varones que alcanzaban el grupo de los 80-84 años de edad, a fecha de 31 de diciembre de 2015 se ha alcanzado el grupo de los 95-99 años por cuatro varones. En el caso de los varones, pues, la longevidad se ha elevado al menos quince años en ese periodo de tiempo.

            En el caso de las mujeres, ninguna persona había sobrepasado en 1877 el grupo de los 80-84 años de edad. A fecha 31 de diciembre de 2015 había dos personas que habían llegado al grupo de los 100-104 años.

            Como consecuencia de ello, las mujeres de nuestra villa habían ampliado más su longevidad que los varones. Pero esta trayectoria en la ampliación de esta variable no ha sido lineal, no ha sido siempre ascendente. En primer lugar, y por lo que se refiere al género, los varones alcanzaron una mayor edad que las mujeres hasta más allá del padrón de 1920. Fue a partir de 1930 cuando las mujeres dieron la vuelta a la situación, y desde entonces viven más tiempo que sus compañeros.

            En el caso de la variable de la media de edad de nuestra población ha habido también una evidente evolución, con una gran ampliación de la media de edad: la resultante de la división de la suma de las edades de los hombres y de las mujeres si la dividiéramos por el número de varones y de mujeres, respectivamente, y ello tanto en el ámbito general como, sobre todo, en el de las propias calles, habiendo algunas que especialmente, como en el caso de la longevidad, la han aumentado sobremanera.

            En 1877, y para las mujeres, había una media de edad diferente en el entorno rural y en el urbano. Mientras que en el rural su media era de 26,06 años, y de 28,2 años en el entorno urbano, la media de edad de sus compañeros varones era de 29,33 la de los caseríos, y 28,70 en el caso de los varones que residían en la zona urbana.

            Los hombres tenían una mayor media de edad que las mujeres, y si bien en el entorno urbano sólo les sobrepasaban por medio año, en los caseríos la diferencia ascendía a más de tres años.

Este último dato me extrañó sobremanera. Algo estaba ocurriendo en los caseríos y me interesaba indagar en sus causas, pues esa diferencia en la media de edad era preocupante, históricamente hablando.

Evidentemente, una media de edad tan baja para las mujeres caseras tenía que ver, casi obligatoriamente, con el campo de la medicina o de sus aledaños. Fue mi primera opción, pues sabía que en los caseríos debía de haber, por fuerza, más partos que en el entorno urbano, pues para sobrevivir económicamente, con la alta mortalidad infantil de la época, era necesario tener un mayor número de hijos.

Para cerciorarme, consulté con José Ignacio Ramírez, médico y compañero. Tras investigar sobre el asunto, él me dio la solución: las peores condiciones sanitarias existentes en el entorno rural, y la mayor exposición a cualquier enfermedad en situaciones como los partos y post-partos hacía que la mortalidad de las mujeres en los caseríos fuese mayor que la de sus compañeras urbanas. Ahí radicaba la clave.

Por supuesto, y conforme pasaban los años, los avances en la media de edad de los zumarragarras han hecho que esta fuese ascendiendo, hasta llegar, a fecha 31 de diciembre de 2015, a una media de edad para los varones de 43,98 años, y a los 47,01 para las mujeres. Los hombres han aumentado, pues, en 140 años, su media de edad, en 16 años, y las mujeres en 20.

Pero la media de edad general no ha tenido una evolución lineal. Con la llegada de los inmigrantes, a partir de 1955, y durante un buen número de lustros, descendió.

El hecho de que accediesen a la villa fundamentalmente personas en edad de trabajar, y sobre todo varones jóvenes, rejuveneció esa media de edad. También llegaron mujeres jóvenes, evidentemente, pero en menor medida en un primer momento. Esa tendencia se reprodujo hasta 1965. A partir de 1970 se produce una nueva elevación de la media de edad, que se prolonga hasta nuestros días, fundamentalmente causada ya por el envejecimiento de la población ya existente, y no tanto por inmigración. De todas formas, y en el caso de los últimos años, ha habido inmigrantes, fundamentalmente procedentes del extranjero, pero su media de edad, relativamente joven, no ha podido hacer que nuestra media de edad general bajase, sino que en el periodo 2011-2015 ha envejecido 1,02 años.

Como resultado de las dos últimas variables analizadas, la longevidad y la media de edad, a medio y largo plazo la población de Zumarraga es claramente no sostenible, pues cada vez hay más personas mayores de 50-55 años. Si a corto-medio plazo no hay un gran aumento de población, vía fundamentalmente de la natalidad, estaremos condenados a depender de la solidaridad de otras zonas, o de los nuevos inmigrantes.

Buena prueba de ello es el siguiente epígrafe analizado: el de la representación gráfica del género y de la edad de los zumarragarras, a través de las pirámides de población, desde 1877 hasta la actualidad.

He analizado exhaustivamente cada una de las demarcaciones, según padrones. De hecho, y cada vez que se renovaba el padrón manualmente, entre 1877 y 1996, he realizado una pirámide de edad para cada demarcación y para cada año. Además, y desde la renovación automática de los padrones de población, a partir de 1996, en el que, si no había cambios, no había que comunicar nada al padrón (sólo nacimientos o defunciones, además de los movimientos migratorios), he escogido los años terminados en 1 o en 6, además del último día del año 2015, el más actualizado de los datos antes de cerrar la investigación, para continuar el análisis de la forma más normalizada posible. Pues bien, si en general las pirámides de población de los primeros años ofrecían una estampa típica del Antiguo Régimen, o cercana a él, con una base muy amplia de niños y niñas, que iba disminuyendo progresivamente, según se avanzaba en edad, con el paso de los años antes de la inmigración masiva se fueron suavizando esas pirámides, pero se volvió a incidir en esa forma triangular a partir de la llegada masiva de inmigrantes, creándose ex novo diferentes pirámides de edad.

Pero lo sucedido a partir de 1980, fundamentalmente, fue un importante cambio de rumbo, cuando se comenzó a descender: se han ido formando, poco a poco, y hasta la actualidad, nuevas pirámides, totalmente distintas a las anteriores, en las que los grupos más jóvenes de edad ya no ocupan los grupos cuantitativamente más importantes: dependiendo de cada demarcación se van situando a partir de los 35-40 años, y en bastante zonas, como por ejemplo en el Paseo Esteban Orbegozo o la calle Txurruka los grupos más importantes son los mayores de 65 años. Tal y como ya he comentado, la sostenibilidad de nuestros habitantes sólo está garantizada a corto plazo. Ni a medio, ni sobre todo a largo plazo lo está, al menos si no cambian drásticamente las cifras de los diversos grupos de edad.

Analizaré, brevemente, el Estado Civil de nuestros habitantes a lo largo de este periodo dividiendo la población en dos zonas claramente diferenciadas: el entorno urbano y el rural, comenzando por los padrones más antiguos.

 Mientras que en el primero de ellos, en la Calle, había cerca de un 30% de casados, y de un 8% de viudos, con el resto, casi el 63% de solteros, la soltería era mayor en los caseríos, reduciéndose tanto los casados como los viudos un 3% con respecto a la Calle.

La soltería era el elemento principal. Un matrimonio solía tener de media casi cinco hijos, de ahí las proporciones conseguidas. Destaca especialmente la mayor proporción de solteros en el entorno rural, signo a priori de una mayor dificultad para relacionarse y encontrar pareja en aquella época, debido a la menor posibilidad de convivencia existente entre los géneros, pues su entorno geográfico, más separado que las casas de la Calle, hacía que inevitablemente se vieran menos entre sí, bien entre ellos, bien entre ellos y los habitantes urbanos. En épocas de mayor trabajo en el campo prácticamente sólo tenían posibilidad de bajar una vez a la semana a la Calle, los domingos. No nos debe de extrañar, por tanto, que existiesen, en algunos casos, y más en esta zona rural que en la Calle, estrategias para formalizar casamientos entre personas que apenas se conociesen, bien por ello, bien por el deseo de seguir poseyendo unidades económicamente atractivas, tratados sobre todo por los padres.

Ya en la zona urbana, y en aquellos primeros momentos, había demarcaciones que sobresalían en los diferentes estados. Los solteros abundaban más en calles como Elizkale o La Estación, por la existencia del convento de monjas o de hoteles o pensiones, lugares donde habitaban trabajadores sin pareja. Los casados abundaban en las calles Piedad y Legazpi, y los viudos sobresalían de la media en el Barrio de Artiz, en la Plaza Nueva y también en Elizkale.

El paso del tiempo y la mayor posibilidad de comunicación entre zonas fue haciendo que los casados elevasen tímidamente su porcentaje en los caseríos, si bien la soltería se daba, por lo ya visto más arriba, de forma importante para la zona urbana en las calles Elizkale y Secundino Esnaola.

El fenómeno de la Guerra Civil supuso la desaparición física de jóvenes solteros, por lo que el porcentaje de casados subió unos dos puntos. De todas formas, los años de hambre que le siguieron hicieron que Elizkale ascendiese en la soltería de sus pobladores, pues el número de vocaciones religiosas, curiosamente, ascendió de modo directamente proporcional a las dificultades económicas de las familias, incrementándose así las monjas del convento; por el contrario, la restricción de movimientos del momento hizo que la calle Secundino Esnaola descendiese en su número de solteros: había menos en los hoteles y pensiones.

Estaba claro que la guerra había hecho que subiesen casados y viudos, en detrimento de solteros. De todas formas, la llegada de fuertes contingentes de inmigrantes agudizó la tendencia: en general accedieron muchos matrimonios jóvenes, con pocos hijos por aquel entonces. Los casados redujeron las diferencias con los solteros. Pero si eso fue, en general, así para la zona urbana, en los caseríos no se dio esa relación, pues fueron nueva residencia de solteros inmigrantes recién llegados. Con el paso del tiempo, y cuando algunos de ellos mejoraban en su situación económica, cambiaban de estado civil y bajaban a la Calle, en busca de una mayor comodidad. Mientras tanto, los viudos aumentaban en dos demarcaciones claramente envejecidas: Elizkale y la calle General Mola.

A partir de la muerte del dictador, y con la llegada de nuevos aires políticos, comenzaron a contarse algunos separados, y también divorciados; de todas formas, se fueron suavizando las diferencias entre casados y solteros, fundamentalmente por el envejecimiento de la población, algo clave y con influencia directa en muchas variables y factores socioeconómicos, hasta el punto de acercarse muy significativamente los porcentajes en el último de los padrones en el que se señala el estado civil, 1986: casi el 49% de solteros por casi el 46% de casados; el resto eran fundamentalmente viudos, siendo casi despreciable el porcentaje de separados o divorciados.

Hablamos a continuación de la evolución del nivel académico obtenido por nuestros habitantes.

Lo comenzábamos en 1920 con la lógica dificultad de poder lograr un conocimiento exhaustivo de la situación, pues sólo se hablaba de él en el caso de las personas que no ejercían un trabajo determinado, o no estaban jubiladas. Del restante, había más de un 50% de analfabetos, casi un 45% no tenían estudios, aunque sabían leer y escribir. El resto se dividía entre los que tenían Estudios Primarios, habían hecho lo que hoy sería el Bachillerato o habían alcanzado, incluso, los estudios universitarios, muy pocos estos últimos, y muy concentrados en la zona noble de la villa, sobre todo en la Plaza Nueva. Por el lado negativo, sobresalían la calle Elizkale, y los barrios de Artiz y de Eizaga, con mayor número de analfabetos. Por el contrario, había un menor número de ellos en las céntricas, socioeconómicamente hablando, Plaza Nueva, y calles Legazpi y Soraluze.

El paso del tiempo en aquellos años antes de la guerra fue elevando, muy poco a poco, el nivel académico entre las personas de las que se confesaba esta circunstancia. En 1930 los analfabetos habían descendido en un 50% en relación a diez años antes, y los que ya tenían Estudios Primarios alcanzaban el 50% de todos. La mayoría de los que tenían mayor nivel académico seguían estando en la Plaza Nueva, y calles Legazpi y Soraluce, concentrándose los mayores niveles de analfabetos en el Barrio de Eizaga, en la Plaza Vieja y en Elizkale.

Tras la guerra los analfabetos habían descendido hasta cerca del 20%, estando un tercio de ellos empadronados en la Calle, y dos tercios en los caseríos, fundamentalmente en los de la zona Norte.

A partir de entonces, y hasta la llegada de la inmigración masiva, el nivel académico general fue elevándose, ascendiendo hasta los dos tercios de los que señalan un nivel académico los Estudios Primarios.

La explosión demográfica que se dio a partir de 1955 - 1960 nos trajo una disminución del número de analfabetos (estaban en torno al 4,5%), predominando en Etxeberri, los caseríos y la calle San Gregorio.  Por lo demás, el aumento del nivel académico en el conjunto general de la villa daba las mayores cuotas de personas con nivel universitario, y que no estaban en el mundo laboral o en el de las Amas de Casa, en las calles de la llamada zona privilegiada: Soraluze, Secundino Esnaola y Plaza de España. En conjunto, había muy pocos bachilleres, o personas que tenían estudios de Formación Profesional, y también había aún muchas personas que, sabiendo leer y escribir, no tenían estudios: eran personas de una cierta edad, que estaban, normalmente, alejadas del eje de viviendas calle Soraluze - calle Secundino Esnaola. Dejando de lado a las personas con enfermedades psíquicas, los pocos analfabetos existentes quedaban, fundamentalmente, para las mujeres inmigrantes, procedentes fundamentalmente de Castilla-León y Extremadura, y que contaban con una edad avanzada

Los últimos años de la dictadura vieron elevarse de nuevo el nivel académico de las personas que no estaban insertas en el mundo laboral, en cualquiera de sus variantes: el analfabetismo había bajado al 2%, y sobresalían los que contaban con Estudios Primarios, aunque también ascendían, por las altas tasas de natalidad y de juventud de la población, los que no poseían Estudios simplemente por no tener edad para haberlos comenzado.

En 1970 los universitarios estaban fundamentalmente empadronados en la calle Legazpi, en las avenidas del Generalísimo y Urdaneta (curiosamente, y mientras en la calle Legazpi había 30 universitarios, en la Plaza de Los Leturia, con una población mucho mayor, no había ninguno, de donde se deduce una gran diferencia entre la zona noble de la villa, con una población dedicada preferentemente al sector Servicios, de origen vasco-navarro, y con un evidente dominio del euskera entre sus habitantes). Por otra parte, las personas que habían optado por la Formación Profesional residían en mayor grado en el Grupo Legazpi, en los caseríos y en la calle Piedad. Los que habían alcanzado como mucho el grado de Bachiller estaban en las mismas zonas, si le añadimos la calle Legazpi y le quitamos la zona rural. Los que contaban con los Estudios Primarios, como mayor nivel alcanzado, estaban empadronados, lógicamente y al ser obligatorios, en las calles más populosas: Paseo Esteban Orbegozo, Plaza de los Leturia, etc., algo que se extendía al nivel de los párvulos, y, finalmente, había más analfabetos en la Plaza de los Leturia y en los caseríos, junto con la calle Antonino Oraa y el Grupo Etxeberri.

Los padrones más modernos señalan el nivel educativo de todas las personas, estén ya dentro del circuito laboral o no. Ello nos permite tener un conocimiento mucho mejor de esta variable. Fruto de ello, sabemos que ciertamente, y con el paso del tiempo, mejora sostenidamente. A partir de 1991 comienza a haber, al menos oficialmente, doctores entre los empadronados, ya saben, los que han culminado la tesis doctoral, y no los licenciados en Medicina, a los que popularmente denominamos de ese modo; de todas formas, son muy pocos hasta 2011. La mayor parte del conjunto demográfico tiene el Certificado de Estudios Primarios (el 33%), hay un 21% que posee el Graduado Escolar, las personas mayores que no tienen Estudios o son analfabetos con el 4%, y el número de doctores era de 8 personas.

Finalmente, y a fecha del último día de 2015, el nivel educativo del conjunto de los zumarragarras ha seguido ascendiendo. Mientras que el número de doctores se mantiene, aparece con relativa fuerza el porcentaje de personas que ya tienen Masters universitarios (el 1%), hay un 9% de licenciados, y sobresalen, en el 50% de las personas, las que tienen Estudios Primarios aprobados o sin aprobar.

Las crisis industriales a partir de mediados de los años 70 también habían tenido importancia en el nivel académico, pues habían forzado la emigración de nuestra villa de personas con un nivel medio-bajo, lo que había contribuido a elevar en cierto modo el nivel académico de los que quedaban, y, como colofón a lo ya señalado en el campo académico en el siglo XX, destaca la tantas veces llamaba zona noble de la villa, eje de viviendas entre la calle Soraluze - Calle Secundino Esnaola, como la que tenía el mejor nivel. Por su parte, el alto nivel de analfabetos y personas adultas Sin Estudios con que comenzábamos el siglo, se había ido diluyendo poco a poco con el paso de los años, concentrándose desde finales del franquismo en el Barrio de Eizaga, sector rural y Elizkale, fundamentalmente.

A partir del final de la dictadura, la evolución académica de la población ha permitido conocer que la gran mayoría de ella se encontraba en el nivel medio-bajo, si bien se ha notado una clara mejora con el paso del tiempo. Hoy, y a pesar de seguir mantenido un nivel medio, hay un 10% de la población con estudios universitarios, elevándose el número de personas que tienen Master o están haciendo el doctorado.

En el aspecto del Euskara, y a pesar de que sólo tenemos datos oficiales sobre este nuestro idioma a partir de la llegada de la Transición, y ello aun sabiendo, oficiosamente, que era el idioma en el que la práctica totalidad de los habitantes se expresaba hasta finales del siglo XIX, lo cierto es que con la llegada de los primeros inmigrantes, ocasionada por el Ferrocarril del Norte, seguida de unas décadas en que la población se expresaba en esa lengua primordialmente, incluso hasta años después de la Guerra Civil, a pesar de estar prohibida su comunicación pública desde el triunfo de los Nacionales, el castellano acabó por imponerse de forma evidente con motivo de las llegadas masivas de inmigrantes a partir de 1955. La mayor parte de las personas a partir de esos años desconocían el Euskara simplemente por haber nacido allende de los territorios vascos, a lo que se unía la nula enseñanza del idioma en las escuelas. El Euskara pasó a ser la segunda lengua, cada vez con menos hablantes.

Sin embargo, con la muerte del dictador, y con el decidido apoyo del Gobierno Vasco, de los municipios, y también, por qué no decirlo, de la iniciativa popular, a todo lo que había ayudado incluso desde antes de 1975 la existencia de la ikastola, apoyada por una congregación religiosa, y de los primeros movimientos pro Euskara desde 1976, hicieron que poco a poco nuestra secular lengua fuese ascendiendo cada vez más en los cuatro aspectos sobre los que se preguntaba a la población en los padrones de 1981 y 1986: si entendían, si hablaban, si leían y si escribían, y cómo lo hacían en cada uno de esos campos. Pues bien, había más personas que lo entendían, menos que lo hablaban, y fundamentalmente, por el problema de la alfabetización de los euskaldunes mayores, menos los que leían y menos, aún, los que lo escribían. De todas formas, y con el hecho de que la escolarización que se daba comenzase a ser fundamentalmente en Euskara, la situación fue cambiando, pues mientras la ley de vida hacía que muriesen personas mayores que lo desconocían o conocían, aunque no estuviesen alfabetizadas, los niños y jóvenes han hecho que hoy en día el Euskara se conozca más, los porcentajes de la población que lo conocen son mayores; otra cosa distinta es que lo practiquen.

Según los resultados de los sondeos efectuados por Soziolinguistika Klusterra, una cosa es que un número alto de zumarragarras conozca el Euskara y otra cosa muy distinta es que lo hable a nivel de calle, o incluso en el seno de los hogares.

Volviendo a la información padronal, y por lo que se refiere a su utilización por lugares, lógicamente se utilizaba en 1981 y 1986 más en los caseríos y en la llamada zona noble de la villa: el ya conocido eje calle Soraluze - calle Secundino Esnaola, con gran influencia en la Plaza de Euskadi. Por el contrario, los lugares en los que menos se conocía, y por lo tanto, menos se utilizaba en la práctica, seguían estando en el sector Sur de la población: Grupo Argixao, Calle Antonino Oraa, Plaza de los Leturia.

En lo referente a la lengua materna que poseían los zumarragarras en 1986, única fecha en que se preguntó a los empadronados sobre esta cuestión, para casi dos tercios de los zumarragarras era el castellano, para el 28% el euskara; para el 6% las dos, simultáneamente, y para un 1% era otra, fundamentalmente el gallego; hoy en día, con una inmigración que ha traído hasta esta villa a personas de otras nacionalidades, fundamentalmente marroquíes y sudamericanas, que, con todo, no llegan a los 800 habitantes, nos da la oportunidad de oír otras lenguas en nuestras calles.

Antes de comenzar con las conclusiones de esta investigación, me gustaría señalar que hemos incluido en ella, bien en el propio CD-ROM anejo, bien incluso en la propia página web municipal, una exhaustiva serie de gráficos, que van desde la ya comentada pirámide de edad para cada una de las calles y para el ámbito general y cada uno de los padrones, hasta gráficos del estado civil, de los estudios actualizados en los años 1981 y 1986 en cada demarcación, de los estudios finalizados que en cada padrón, desde 1920 y hasta el 31 de diciembre de 2015 poseían nuestros habitantes por cada una de las calles y en el ámbito general, de la procedencia de nuestros habitantes por cada calle en cada uno de los padrones, de las profesiones tenidas por los habitantes, también por calles, en general y por padrones, además de la relación de los habitantes de la villa con el Euskera en cada una de las calles en los padrones de 1981 y 1986, únicos en los que se ofrecieron estos datos y en cada una de las cuatro categorías sobre las que se preguntó: el entendimiento, el habla, la lectura, y la escritura, además de la lengua materna, dato sólo ofrecido en 1986, y todo ello tanto en euskara como en castellano. Como podrán comprobar, son más de cinco mil gráficos.

Como conclusión, y para ir finalizando, las miles y miles fotografías obtenidas de la población en cada uno de los aspectos analizados en cada padrón nos llevan a una serie de conclusiones: Zumarraga destaca, si la comparamos con el resto de poblaciones guipuzcoanas, por la diversidad en el origen de sus habitantes, con altas tasas de población nacida fuera del País Vasco.

Precisamente, el elevado número de inmigrantes que la villa recibió, fundamentalmente a partir de los años 50, hizo que hubiese, y pónganse aquí todas las comillas que se deseen, dos mundos en nuestra población: de un lado, el de los habitantes tradicionales, al que se fueron uniendo los inmigrantes vasconavarros; de otro, el de los inmigrantes que llegaban hasta nosotros, fundamentalmente desde las tierras castellanas y extremeñas, fundamentalmente la zamorana, secundada por la burgalesa y la cacereña, por razones económicas, dada la pobreza en que el tradicional letargo de la economía española había hundido en los últimos siglos, fundamentalmente, a sus tierras de origen.

Esos inmigrantes, dada la evidente separación cultural que les diferenciaba de los habitantes tradicionales de nuestra población, y también ayudados por su diferente idiosincrasia, tendieron a crear algo parecido a círculos cerrados, con características bien definidas y diversas a los primeros; con el paso del tiempo y con la aparición de nuevas generaciones, más integradas en el conjunto, fundamentalmente por la asistencia a la escuela común, parte de esos dos mundos ha ido mezclándose, tendiendo a diluir, en parte, sus diferencias; a ello, y en las últimas décadas, se ha unido el fenómeno de la inmigración de población extranjera, todavía muy poca, porcentualmente hablando.

En otro sentido, nos encontramos ante una población con una elevada media de edad, no sostenible ni demográfica ni económicamente a medio y a largo plazo, salvo repentino y sostenido cambio en la natalidad y en la llegada de inmigrantes jóvenes. Particularmente, y sobre este punto, soy pesimista.

Hemos ido subiendo nuestro nivel académico según iban pasando los años (hay ya más del 10% de personas que, al menos, son licenciados universitarios); hemos pasado de ser una población industrial a una población que se dedica fundamentalmente a los Servicios, con un porcentaje no despreciable de personas que trabajan en el sector sanitario.

Dadas las actuales circunstancias de la economía, que se mueve a escala mundial, no local o por países, vistos los datos existentes y la tendencia que parece imperar, particularmente auguro para esta villa una mayor importancia del sector Servicios que del Industrial. De hecho, si hoy en día yo, particularmente, tuviera que apostar por intentar una revitalización económica de la villa, procuraría poner más interés en el primeramente señalado que en el segundo, y tal y como pasó a partir de 1864, con el inicio de los viajes por ferrocarril, intentaría crear un polo comarcal, por supuesto con industrias y con actividades del sector Terciario, que intentase aprovechar, por ejemplo, la posición que nos ofrece la existencia de una estación en nuestra zona del Tren de Alta Velocidad. No deseo señalar si soy partidario o contrario de la construcción de ese tren; en cualquier caso, y ya que ha sido así diseñado, intentaría sacarle el máximo partido.

Por supuesto, también seguiría incidiendo en el aspecto sanitario, intentando ampliar, como se ha hecho en las últimas décadas, la oferta comarcal o supracomarcal a través del hospital, sin olvidar nunca el ámbito de los cuidados a las personas mayores o dependientes, con el Centro Gerontológico a la cabeza, deseando en este aspecto aplicar medidas que consigan atraer a nuestra villa más personas en esa situación.

Lo cierto es que la coyuntura económica mundial hace que sea más difícil basarse en una política industrial para revitalizar nuestra zona, pues, fundamentalmente, y por la falta de una política comercial europea que haga frente a las ventas de productos de países que no rehúsan usar del dumping para triunfar ante otros, a día de hoy dependemos más de lo que hagan los chinos o los estadounidenses que de nuestras propias estrategias, y ello a pesar de tener unos precios de la energía que nos estorban en el escenario competitivo. De todas formas, mi apuesta industrial iría más acorde no tanto a bajar los precios de los productos que podamos vender, sino a incrementar su calidad, tal y como pude aprender de las clases de la asignatura de Geografía Descriptiva en los países más importantes de la hoy Unión Europea.

En fin, en conjunto, antes y después de las oleadas de inmigrantes, éramos un pueblo de más mujeres que varones, lo cual solamente se varió en los años 50 – 80. Cada vez vivimos más años, y somos una población adulta claramente: la media de edad de nuestros varones es de 44 años, y de nuestras mujeres de 47. Podemos llegar a los 85-90 años sin mucha dificultad, y hoy ya hay algunas centenarias entre nuestros convecinos (los hombres nos quedamos en un nivel un poco inferior).

Vamos bajando de habitantes. Estamos dejando atrás los diez mil, y cada vez retrocedemos un poquito más, ahora somos algo más de 9.800. Somos más solteros, aunque los casados nos están pisando los talones, y cada vez más, aunque todavía son muy pocos, hay más separados y divorciados. Poco a poco vamos conociendo más el Euskara, sobre todo lo entendemos más; lo sabemos escribirlo un poco menos, otra cosa es que lo utilicemos, a pesar de dominarlo sin dificultad casi la mitad de la población, adecuándonos así a la costumbre adquirida en las últimas décadas de utilizar el castellano, y a la comodidad que supone que la mayor parte de los medios de comunicación que escuchemos sean en castellano.


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